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Fobias específicas y agorafobia

Una fobia es un miedo muy intenso a algo puntual: volar, manejar, los perros, las agujas, la sangre, las alturas, los ascensores. Lo que la distingue de un miedo común es la desproporción y lo que hace con tu vida. Sabés que el ascensor probablemente no se va a caer, pero eso no cambia nada en el momento: el cuerpo reacciona igual, y terminás subiendo ocho pisos por escalera durante años.

La agorafobia funciona distinto, aunque suele confundirse. No es exactamente miedo a los lugares abiertos: es el miedo a estar en un lugar del que sentís que no podrías salir o donde no podrían ayudarte si te sentís mal —el colectivo, la fila del supermercado, la autopista, un recital—. Muchas veces empieza después de un ataque de pánico, y lo que se instala es el miedo a que vuelva a pasar justo ahí.

En los dos casos hay algo que las sostiene: evitar. Cada vez que evitás la situación temida, el alivio es inmediato y eso enseña que evitar funciona; el problema es que el terreno se achica un poco más cada vez. Por eso el trabajo terapéutico suele ir en la dirección opuesta, pero de a poco y con acompañamiento: acercarse de manera gradual y planificada a eso que se evita, a un ritmo que puedas sostener, nunca de golpe ni a la fuerza.

Es uno de los motivos de consulta con mejor pronóstico, y aun así mucha gente convive con una fobia veinte años acomodando su vida alrededor. No hace falta que sea grave para consultar: alcanza con que te esté costando algo que preferirías no perderte.

Cuándo conviene consultar

Cuando estás organizando tus recorridos, tus vacaciones o tu trabajo para no cruzarte con eso que te da miedo. Cuando el miedo a que aparezca el miedo empieza a ocupar más lugar que la situación en sí. Cuando dejaste de ir a lugares donde antes ibas, o cuando necesitás que alguien te acompañe para hacer cosas que hacías sola o solo. Y si aparecen episodios de pánico —el corazón disparado, la sensación de que te falta el aire o de que algo terrible está por pasar—, consultá: son muy tratables, y entenderlos suele ser el primer alivio.

Psicólogos que trabajan fobias específicas y agorafobia

Preguntas frecuentes

¿Me van a obligar a enfrentar lo que me da miedo?

Obligarte, no. La exposición gradual es una de las herramientas con más respaldo para las fobias, pero se trabaja de a poco, acordada con vos y a un ritmo que puedas sostener. Nadie te va a empujar a un ascensor el primer día. Si tenés miedo de que el tratamiento sea eso, decilo: es una preocupación habitual y razonable.

¿Cuánto tiempo lleva tratar una fobia específica?

Suele ser de los cuadros que responden en plazos más acotados, sobre todo cuando el miedo está bien delimitado a una situación concreta. Eso no significa que sea igual para todos: si además hay ataques de pánico o evitación de muchas situaciones, el trabajo es más largo. El profesional te va a poder orientar mejor después de las primeras entrevistas.

Tengo miedo a volar y viajo pronto. ¿Sirve empezar ahora?

Sí, aunque conviene ir con expectativas realistas. En pocas sesiones se pueden ganar herramientas concretas para el vuelo, incluso si el trabajo de fondo lleva más tiempo. Decí desde el primer contacto que tenés una fecha: cambia cómo se ordena el tratamiento.

¿Cuánto sale la consulta?

Figura en el perfil de cada profesional, junto con las obras sociales que acepta si trabaja con alguna.