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Terapia infantojuvenil

Si estás leyendo esto probablemente sea por un hijo, una hija o alguien a tu cargo, y lo primero que conviene decir es que consultar no significa que algo esté roto. Los chicos y los adolescentes atraviesan etapas difíciles como parte de crecer, y muchas veces lo que necesitan es un espacio propio para ordenar algo que todavía no saben nombrar. Pedir una consulta no es dramatizar ni adelantarse: es una forma de acompañar.

A esta edad el malestar rara vez se dice con palabras. Aparece en el cuerpo y en la conducta: un chico que empieza a dormir mal o a mojar la cama después de haber dejado, que no quiere ir a la escuela, que tiene dolores de panza que el pediatra no encuentra cómo explicar. En la adolescencia toma otras formas: encierro, irritabilidad permanente, bajón en las notas, cambios bruscos en el grupo de amigos, o un desinterés general por cosas que antes le importaban. Los cambios son parte de la edad; lo que enciende una señal es cuando se sostienen en el tiempo y le complican la vida cotidiana.

También hay momentos que suelen pedir acompañamiento por sí mismos, aunque el chico no muestre nada evidente: una separación, una mudanza, la muerte de alguien cercano, una enfermedad en la familia, situaciones de bullying. No es que necesariamente vayan a dejar una marca, pero tener con quién hablarlo mientras pasa hace diferencia.

El trabajo con chicos no se parece al de adultos. Con los más pequeños, buena parte pasa por el juego y el dibujo, que es donde a esa edad se cuenta lo que no se puede explicar. Con adolescentes, se parece más a una conversación, y ahí la confidencialidad es central: necesitan saber que lo que dicen no se transmite en el acto, con el límite de que el profesional sí va a intervenir si hay algo que ponga en riesgo su seguridad. En casi todos los casos, además, se trabaja con la familia: no para señalar culpables, sino porque los adultos son parte del entorno donde ese chico vive.

Cuándo conviene consultar

Suele ser buen momento cuando el malestar dura semanas y no se acomoda solo, cuando afecta varios ámbitos a la vez —casa, escuela, amigos— o cuando el chico dejó de hacer cosas que le gustaban. También si notás retrocesos en cosas que ya había logrado, si aparecen miedos que le impiden hacer su vida, si se aísla, o si hay señales de que se está lastimando. Ante cualquier indicio de que se quiere hacer daño o de que no quiere seguir viviendo, no esperes un turno: comunicate con una línea de crisis o con un servicio de emergencias en ese momento. Y si tenés dudas de si corresponde consultar, consultá igual: una primera entrevista sirve justamente para eso, y ningún profesional serio va a iniciar un tratamiento que no haga falta.

Psicólogos que trabajan terapia infantojuvenil

Preguntas frecuentes

¿Los padres participan del tratamiento?

Sí, aunque no de la misma manera en todos los casos. Es habitual que las primeras entrevistas sean con los padres, que después haya encuentros con el chico o la chica, y que se sostengan reuniones periódicas con ustedes. Con los más chicos el trabajo con los padres suele ser una parte central del proceso, no un anexo.

¿Qué hago si mi hijo no quiere ir?

Es frecuente y no es un impedimento para consultar: podés pedir una entrevista para vos y plantear la situación. Muchas veces el trabajo empieza ahí. Forzar a un adolescente a entrar a un consultorio rara vez funciona; buscar la forma de que quiera probar, sí. Un profesional con experiencia en esta franja de edad sabe manejar esa resistencia.

¿El profesional me va a contar lo que dice mi hijo?

No todo, y eso protege el tratamiento. Los chicos y los adolescentes también tienen derecho a un espacio confidencial, con excepciones claras cuando hay riesgo. Lo que sí vas a recibir son devoluciones sobre cómo va el proceso y orientación sobre qué hacer en casa. Si algo de esto no te queda claro, preguntalo en la primera entrevista.

¿Cuánto cuesta la sesión?

Cada profesional lo publica en su perfil, con las obras sociales que acepta si trabaja con alguna. Al escribir aclarale la edad de tu hijo: no todos los profesionales atienden todas las franjas etarias.